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Reportajes
1-04-2018
“Todas mis obras tienen un sentido. Más o menos las cosas que me han pasado en la vida”
José de Diego Díaz: restaurador, compositor, pintor y escultor
“Todas mis obras tienen un sentido. Más o menos las cosas que me han pasado en la vida”

Caminando hacia alguna parte por las calles de Tetuán, me llama la atención una puerta abierta con marco rojo sobre la que hay escrito un nombre tallado en madera, José de Diego Díaz, y un cartel que anuncia la venta de esculturas de bronce y madera. Al curiosear con la mirada hacia su interior, oigo música de la radio que inunda todo un espacio rectangular, con poca luz, con estanterías a ambos lados llenas de cientos de objetos: esculturas, cuadros, figuras de todos los tamaños, de humanos, de animales, también joyeros, cajitas, espejos… De todo. Al fondo, sentado en una silla, bien abrigado, con una lija entre las manos, está él, y con sumo respeto saludo y comenzamos a hablar.


José tiene 81 años que no aparenta, y la experiencia no le ha quitado la ilusión por hacer cosas; todo lo contrario: sigue soñando e imaginando como un niño. Es hijo de una mujer trabajadora en los servicios de limpieza y de un hombre albañil, y ha crecido toda la vida en las calles de Tetuán, concretamente, en el barrio de Valdeacederas donde, a día de hoy, tiene su taller en la calle de Pinos Baja. Toda una vida trabajando de lo que se podía, y aún recuerda sus años de aprendiz: “Cuando tenía 17 años era oficial de primera de pulidor. Hacíamos unos sillones que antiguamente se llamaban de pletina. Ganaba 350 pelas al mes, pero llegaba el final del mes y te daban 150. ¡Un escándalo!”.


Hoy es viudo y padre de tres hijos, a los que ha sacado adelante con esfuerzo y gracias a su oficio: la restauración de camas y lámparas de bronce. Cuenta que en aquellos años iba al Rastro de Madrid a vender, como otros tantos artesanos, y que no siempre se terminaba la jornada con algo de dinero en el bolsillo; aun así, su creatividad brotaba: “Toco el piano y la guitarra, compongo canciones con una facilidad extraordinaria…”. Y allí mismo, apagamos la radio, carraspea y se arranca a capela con una letra triste y de penurias.


PURO INSTINTO

La imaginación de José de Diego Díaz no tiene límites, su creatividad tiene raíz en sus experiencias, y su inspiración es innata. Él lo llama “instinto”: “Yo no pienso, es ajeno a mi voluntad. Un señor me dijo que si le hacía la cabeza de Franco y me daba equis dinero, y le dije: ‘Perdona que te diga, pero eso yo no lo sé hacer’. ¿Por qué? Porque te estoy haciendo tu cara y me sale otra. Porque es el instinto el que está en ti”.


José es un polifacético entusiasta: “Hago escultura, pintura, poesía… ¡Me encanta todo! No es que me encante, ¡es que lo vivo, es mi sangre, es mi ilusión!”. Al detenerme a mirar sus estanterías, me pregunto de dónde sale tanta recopilación de objetos y me cuenta que o lo compra o se lo encuentra o se lo regalan. Con todo aquello se apasiona y se define: “Mi estilo es un collage”. Y lo clava. José de Diego Díaz es un creador de historias porque, aunque reconoce que le gustan más las tallas y esculturas que hace un señor vecino del barrio (“da gusto verlas”), desvela un detalle diferenciador que no se sabe con sólo mirar sus obras: “Todas las mías tienen sentido. Más o menos las cosas que me han pasado en la vida”.


José reconstruye, arregla, decora para inventar escenas, historias, momentos, sentimientos... Por ejemplo, con la pintura: “Fíjate qué cuadro. Se llama ‘Sueño de fantasía’. Ahí se ve un alma que es un niño pequeñito, y lo que es un sueño, todo oscuro, y ves una imagen que no sabes qué es. La vemos tú y yo, pero el niño no la ve”.
En madera, ha creado cuatro escenas en las que los protagonistas son herreros. Coge una de las tallas y cuenta la historia: “Éste, de los cuatro herreros, es el más desgraciado”. ¿Por qué?, me veo obligada a preguntar al ver una figura que representa estar trabajando en algo punzante. “Porque él no sabía hacer un cuerno; eso no lo hace un herrero, pero como no tenía para comer y no había ganado nada en todo el mes, tiene que imitarlo si quería que le pagaran”. Y continúa: “Y es que ¡es real! ¡Eso le pasa a cualquiera! Que a lo mejor uno se tira sin trabajar dos o tres meses, y después viene uno con una cosa rara, ajeno a su oficio, y no tiene más remedio que hacerlo porque le hace falta, ¿me entiendes?”. Cómo no, José, la vida misma.
 
ESTILO ‘COLLAGE’

Señala otra de sus obras de lo alto de una estantería: “Y ésta qué: es un pedazo de obrón. Estas piezas no las he hecho yo, pero yo le he dado un significado. Estos dos hombres están discutiendo a ver quién se queda con el perro, a ver quién le da de comer y le mantiene. Todo esto es la mente. Les estoy dando vida”.
Con tanta pasión volcada sobre cada obra, imagino que debe ser difícil desprenderse de las historias creadas a modo de collage con cada figura, y lo reconoce: “Vendo algunas cosas, pero cuando las vendo, me duele porque me encantan. Las gozo aquí en cantidad”.


Según va hablando, voy descubriendo una faceta de José de Diego Díaz que ni él mismo conoce. Además de ser un completo artesano, también es filósofo a su manera: “La figura al fin y al cabo es lo que menos importa, lo que vale es el símbolo que le pones, la sustancia que le das que hace que merezca la pena, porque guardan un sentimiento, guardan una realidad, que es lo bonito de la vida”.

 

Julia GAS

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“La figura al fin y al cabo es lo que menos importa, lo que vale es la sustancia que le das, que hace que merezcan la pena”, cuenta José de Diego.
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